lunes, 17 de agosto de 2015

La mujer ideal para el perfecto machista ... Marco Denevi

La mujer ideal para el perfecto machista ... Marco Denevi

Testigos dignos de fe aseguran que jamás hubo una mujer tan libidinosa como Onfalia, la difunta reina de Lidia. Varias veces por noche cambiaba de amante, escogiéndolo entre hombres, mujeres, niños, eunucos, esclavos y animales, y con cada amante modificaba los procedimientos de su depravación. Finalmente se le dio por practicar el lesbianismo con Hércules.

De quien menos se podía esperar que claudicase a esa infamia era Hércules, un sujeto muy varonil y hasta un poco salvaje, que sólo gustaba de los ejercicios físicos, de la caza y de la guerra, y que solía hablar pestes de las mujeres. Sin embargo aceptó, primero entre risas, como festejando una broma.  Increíble y misterioso es lo que sucedió después.


Los afeminados servidores de la reina depilaron a Hércules, lo perfumaron, le tiñeron los párpados con azul tuat de Egipto, las mejillas con agua púrpura de Sidón, los labios con pasta carmín de Shifaz, le pusieron una peluca rubia de bucles, lo vistieron con un peplo del color escarlata que distingue a las rameras, lo cargaron de joyas y le pusieron en las manos una rueca.


Mientras tanto Onfalia aguardaba, tendida desnuda sobre un diván, en un aposento contiguo, entre antorchas sostenidas por esclavos negros igualmente desnudos, y pebeteros donde ardían los aromas afrodisíacos de la mirra, de la algalia y del almizcle. Una orquesta de flautistas y de tañedores de cítaras ejecutaba melodías tan voluptuosas que los esclavos negros, sin poder contenerse, derramaban sobre el piso la semilla de la mandrágora ante la mirada complaciente de la reina, quien picoteaba en un racimo de uvas rellenas de satyrión y se sacudía de deseos abominables.


Una vez que estuvo disfrazado, Hércules se aproximó a un espejo y se miró. Entonces los servidores de Onfalia vieron que, entre los pliegues de la túnica escarlata, asomaba la erección más colosal que ojos mortales hayan contemplado en este mundo.


sábado, 15 de agosto de 2015

Cuento policial ... Marco Denevi

Cuento policial ... Marco Denevi

Rumbo a la tienda donde trabajaba como vendedor, un joven pasaba todos los días por delante de una casa en cuyo balcón una mujer bellísima leía un libro. La mujer jamás le dedicó una mirada. Cierta vez el joven oyó en la tienda a dos clientes que hablaban de aquella mujer.
Decían que vivía sola, que era muy rica y que guardaba grandes sumas de dinero en su casa, aparte de las joyas y de la platería. Una noche el joven, armado de ganzúa y de una linterna sorda, se introdujo sigilosamente en la casa de la mujer.
La mujer despertó, empezó a gritar y el joven se vio en la penosa necesidad de matarla. Huyó sin haber podido robar ni un alfiler, pero con el consuelo de que la policía no descubriría al autor del crimen. A la mañana siguiente, al entrar en la tienda, la policía lo detuvo.
Azorado por la increíble sagacidad policial, confesó todo. Después se enteraría de que la mujer llevaba un diario íntimo en el que había escrito que el joven vendedor de la tienda de la esquina, buen mozo y de ojos verdes, era su amante y que esa noche la visitaría.


viernes, 14 de agosto de 2015

GÉNESIS, 2....Marco Denevi

GÉNESIS, 2....Marco Denevi


Imaginad que un día estalla una guerra atómica. Los hombres y las ciudades desaparecen. Toda la tierra es como un vasto desierto calcinado. Pero imaginad también que en cierta región sobreviva un niño, hijo de un jerarca de la civilización recién extinguida. El niño se alimenta de raíces y duerme en una caverna. Durante mucho tiempo, aturdido por el horror de la catástrofe, sólo sabe llorar y clamar por su padre. Después sus recuerdos se oscurecen, se disgregan, se vuelven arbitrarios y cambiantes como un sueño. Su terror se transforma en un vago miedo. A ratos recuerda, con indecible nostalgia, el mundo ordenado y abrigado donde su padre le sonreía o lo amonestaba, o ascendía  (en una nave espacial) envuelto en fuego y en estrépito hasta perderse entre las nubes. Entonces, loco de soledad, cae de rodillas e improvisa una oración, un cántico de lamento. Entretanto la tierra reverdece: de nuevo brota la vegetación, las plantas se cubren de flores, los árboles se cargan de frutos. El niño, convertido en un muchacho, comienza a explorar la comarca. Un día ve un ave. Otro día ve un lobo. Otro día, inesperadamente, se halla frente a una joven de su edad que, lo mismo que él, ha sobrevivido a los estragos de la guerra nuclear. Se miran, se toman de la mano: ya están a salvo de la soledad. Balbucean sus respectivos idiomas, con cuyos restos forman un nuevo idioma. Se llaman, a sí mismos, Hombre y Mujer. Tienen hijos. Varios miles de años más tarde una religión se habrá propagado entre los descendientes de ese Hombre y de esa Mujer, con el padre del Hombre como Dios y el recuerdo de la civilización anterior a la guerra como un Paraíso perdido.


lunes, 10 de agosto de 2015

Cartas sucias de Joyce a su esposa Nora Bernacle

Cartas "sucias" de James Joyce a su esposa Nora Bernacle


6 de diciembre de 1909
44 Fontenoy Street, Dublín

¡Noretta mía! Esta tarde recibí la conmovedora carta en la que me cuentas que andabas sin ropa interior. El día veinticinco no conseguí las doscientas coronas sino sólo cincuenta, y otras cincuenta el día primero. Esto es todo en lo que al dinero se refiere. Te envío un pequeño billete de banco y espero que al menos puedas comprarte un lindo par de bragas,  te mandaré más cuando me paguen de nuevo. Me gustaría que usaras bragas con tres o cuatro adornos, uno sobre el otro, desde las rodillas hasta los muslos, con grandes lazos escarlata, es decir, no bragas de colegiala con un pobre ribete de lazo angosto, apretado alrededor de las piernas y tan delgado que se ve la piel entre ellos, sino bragas de mujer (o, si prefieres la palabra) de señora, con los bajos completamente sueltos y perneras anchas, llenos de lazos y cintas, y con abundante perfume de modo que las enseñes, ya sea cuando alces la ropa rápidamente o cuando te abrace bellamente, lista para ser amada, pueda ver solamente la ondulación de una masa de telas y así, cuando me recueste encima de ti para abrirlos y darte un beso ardiente de deseo en tu indecente trasero desnudo, pueda oler el perfume de tus bragas tanto como el caliente olor de tu sexo y el pesado aroma de tu trasero.
Te habrán impresionado las cosas sucias que te escribo. Quizás pienses que mi amor es una cosa sucia. Lo es, querida, en algunos momentos. Te sueño a veces en posiciones obscenas. Imagino cosas muy sucias, que no escribiré hasta que vea qué es lo que tú me escribes. Los más insignificantes detalles me producen una gran erección. Un movimiento lascivo de tu boca, una manchita color castaño en la parte de atrás de tus bragas, una palabra obscena pronunciada en un murmullo de tus labios húmedos, un ruido sin recato, repentino, de tu trasero y entonces asciende un feo olor por tus espaldas. En algunos momentos me siento loco, con ganas de hacerlo de alguna forma sucia, sentir tus lujuriosos labios ardientes chupándome, follar entre tus dos senos coronados de rosa, en tu cara, y derramarme en tus mejillas ardientes y en tus ojos, conseguir la erección frotándome contra tus nalgas y poseerte sodomíticamente.
¡Basta per stasera!
Espero que te haya llegado mi telegrama y lo hayas comprendido.
Adiós, querida mía a quien trato de degradar y pervertir.
¿Cómo sobre esta tierra de Dios es posible que ames una cosa como yo?
¡Oh, estoy tan ansioso de recibir tu respuesta, querida!


domingo, 9 de agosto de 2015

Creía Yo...Macedonio Fernández

Creía Yo...Macedonio Fernández

No a todo alcanza Amor, pues que no puedo
romper el gajo con que Muerte toca.
Mas poco Muerte puede
si en corazón de Amor su miedo muere.
Mas poco Muerte puede, pues no puede
entrar su miedo en pecho donde Amor.
Que Muerte rige a Vida; Amor a Muerte.







viernes, 7 de agosto de 2015

De "Redobles del Tambor".. de Walt Whitman

De "Redobles del Tambor"... de Walt Whitman

La mano amputada, del muñón del brazo,
Retiro las hilas ensangrentadas, quito la escara, lavo el pus y la sangre, 
El soldado se vuelve a su almohada con el cuello encorvado y la cabeza ladeada,
Están cerrados sus ojos, el rostro pálido, no se atreve a verse el muñón sangrante.



jueves, 6 de agosto de 2015

Amor y Misterio... Sobre George Eliot

Amor y Misterio .... Sobre George Eliot

La fe de George Eliot en el positivismo empezó a tambalearse tras sufrir un desengaño amoroso. Se vio enfrentada a un terrible sentimiento, que ninguna lógica podía ayudarle a superar. La causa de su tristeza era Herbert Spencer, el biólogo victoriano que acuñó la frase de "la supervivencia de los aptos". Después de mudarse Eliot a Londres, donde vivió en un piso del Strand, trabó una profunda amistad con Spencer. Los dos daban largos paseos por el parque y compartían una gran afición por la ópera, a cuyas representaciones se habían abonado. Eliot se enamoró Spencer, no. Cuando él empezó a enfriarse -su relación estaba provocando los habituales rumores victorianos-, ella le escribió una serie de cartas melodramáticas pero sorprendentemente sinceras, en las que le pedía, entre otras cosas, "piedad y amor": "Quiero saber si puedes asegurarme que no vas a renegar de mí, y que estarás a mi lado siempre que puedas, compartiendo conmigo tus pensamientos y tus sentimientos. Si te apegas a cualquier otra persona, entonces no tendré más remedio que morir; pero, hasta entonces, el simple hecho de tenerte a mi lado me dará fuerzas para trabajar y para hacer que la vida sea digna de ser vivida". A pesar de estas confesiones de vulnerabilidad, la carta concluye orgullosamente con el reconocimiento de su propia valía: "Supongo que ninguna mujer te ha escrito antes una carta semejante, pero yo o me avergüenzo, pues soy consciente de que, a la luz de la razón y de una finura bien entendida, merezco tu respeto y tu ternura.

Fragmento del capítulo sobre George Eliot, de Jonah Lehrer


miércoles, 5 de agosto de 2015

Al oído... Alfonsina Storni.

Al oído... Alfonsina Storni.

Si quieres besarme.....besa
-yo comparto tus antojos-.
Mas no hagas mi boca presa..
bésame quedo en los ojos.
No me hables de los hechizos
de tus besos en el cuello...
están celosos mis rizos,
acaríciame el cabello.
Para tu mimo oportuno,
si tus ojos son palabras,
me darán, uno por uno,
los pensamientos que labras.
Pon tu mano entre las mías...
temblarán como un canario
y oiremos las sinfonías
de algún amor milenario.
Esta es una noche muerta
bajo la techumbre astral.
Está callada la huerta
como en un sueño letal.
Tiene un matiz de alabastro
y un misterio de pagoda.
¡Mira la luz de aquel astro!
¡la tengo en el alma toda!
Silencio...silencio...¡calla!
Hasta el agua corre apenas,
bajo su verde pantalla
se aquieta casi la arena...
¡Oh! ¡qué perfume tan fino!
¡No beses mis labios rojos!
En la noche de platino
bésame quedo en los ojos...

Alfonsina Storni


lunes, 3 de agosto de 2015

Amor 77.. Julio Cortázar

Amor 77.. Julio Cortázar

Y después de hacer todo lo que hacen, se levantan, se bañan, se entalcan, se perfuman,

se peinan, se visten, y así progresivamente van volviendo a ser lo que no son.


domingo, 2 de agosto de 2015

La Rubia.... Reynaldo Sietecase

La Rubia.... Reynaldo Sietecase

Enamorarse de la rubia, hasta los huesos
Perder el sueño, la camilla
El poco criterio, la cabeza
Ir con la rubia, tras la rubia
Por la rubia como el dante
Al mismisimo ombligo del infierno
Hay mujeres mas bellas pero la rubia es la rubia
Como el semen, el helado de crema
El impermeable amarillo de dick tracy
La rubia es una pesadilla que se vive despierto
La rubia es un enigma al final del astio y de la fiesta
Y hay que amarla asi
Rubia traicionera, amante del amigo
Escapada de un filme del deseo
Inutil convencerla, desteñirla
Implorarle piedad para este corazon
Antes de ella, sereno
Imposible evitar los conflictos nocturnos
Con sus ojos de barco, su Boca negadora
Su pelo de cerveza, sus otras obviedades
Su increible figura de sirena terrestre
Maldecida en silencio por las viejas
Enamorarse de la rubia hasta los huesos
Antes de que la edad, la tumba
O la comodidad del hogar
Nos arruine la fiesta